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28-06-2020
MUNDOS PARALELOS
“La enfermedad nos enseña que hay una parte en nosotros que necesita emerger”
Hoy nos encontramos con José Manuel Chica, acupuntor, geomante, explorador de códigos antiguos, creador y diseñador de redes de conciencia…


Cuando alguien se acerca a conocer tu proyecto El taller del hábitat va a encontrar disciplinas alejadas del modo de vida occidental, Feng Shui, I Ching, Acupuntura, Geomancia, ¿cómo llegas a entrar en contacto con estas disciplinas?

Todo comenzó por culpa de una enfermedad respiratoria. Cuando era pequeño tenía bronquitis asmática y mi madre escuchó por la radio que habían venido unos chinos que hacían un tratamiento con unas agujas y allí que me llevó. Por el resultado que tuve sabía que pasaba algo aunque no sabía muy bien cómo sucedía pero que merecía la pena tomar en cuenta. Lo único que había hecho hasta entonces era tomar medicinas y tener pequeñas mejorías pero no muy grandes. Como decía, con aquellas agujas vi que algo me había tocado en la profundidad. Empecé a estudiar acupuntura…mi madre y yo (risas). 

¿Tu madre y tú encontrasteis en la Acupuntura un vínculo fuerte? 

Sí, en efecto. Mi madre se preocupó de llevarme a todos los sitios que conocía por el tema de la enfermedad y al final acabamos los dos fascinados por la Medicina China. Ella ahora es una de las expertas en Acupuntura para animales, con más de cuarenta años de experiencia. Y, yo por mi parte, cubrí una época en la que la salud era mi motivación pero llegó un momento en el que me llegó a interesar más el aspecto energético relacionado con la conciencia. Me acuerdo cuando respiraba en la ventana, intentando atrapar el aire…los médicos me decían que tenía un problema respiratorio pero seguía preguntándome: ¿por qué me pasa a mi esto?.

¿Cómo vas avanzando en este camino? 

En una primera etapa me sirvió la acupuntura para descubrir el potencial de sanación que tenemos reduciendo o eliminando la incidencia de los medicamentos. Puse una consulta de acupuntura y estuve una década hasta que alrededor de los treinta años tuve una crisis personal, me planteé cuál era el centro de mi vida, crisis de pareja…y volví a respirar mal. Eso me sacudió porque pensé que era un tema resuelto y estaba otra vez como al principio.

¿Eso te hizo replantearte la consulta de acupuntura? 

Claramente, porque me hizo ver que había gente que se recuperaba bien y otros con condiciones muy similares reincidían. Me pregunté si lo estaba haciendo bien, si sabía lo suficiente y entré en una crisis bastante larga. Mi hermana, paralelamente, se fue a México. Al cabo de unos meses me escribió una carta diciéndome que estaba en la Sierra Mazateca y que había conocido a un psiquiatra llamado Salvador Roque y que trabajaba con una metodología inspirada en los indígenas mexicanos de tradición chamánica muy efectiva.

¿Qué te aportó esa visión de la enfermedad? 

Tienes que plantearte la enfermedad como algo que te obliga a hacer un viaje simbólico y en ese viaje entiendes por qué te está pasando eso. Y aquello me conectó con esa pregunta que me hacía de pequeño en la ventana…¿por qué me pasa a mi esto?. Y que la acupuntura tampoco había conseguido resolverme definitivamente. Así hice las maletas y me fui a México y comenzó otra etapa que recuerdo con mucho cariño.


Me fui a la Sierra Mazateca y allí me encontré con una situación desafiante porque los chamanes en México usan más de sesenta sustancias que alteran la conciencia tal y como nosotros la concebimos.

¿Cómo conciben la realidad los chamanes mexicanos? 

La ceremonia con hongos, peyote, por ejemplo, dentro de un ritual bien organizado en el que el chamán ayuda a que esa experiencia sea fructífera, te muestra cosas muy alejadas de lo que nosotros decimos que es realidad. Es lo que llamamos estados acrecentados de conciencia.  Asimilar eso es difícil al principio pero pronto entendemos que la enfermedad nos enseña que hay una parte en nosotros que necesita emerger, reconocer, darle vida.

Y a partir de aquí, a tu vuelta a España, ¿cómo empiezas tu nuevo proyecto El Taller del Hábitat

Después regresé a Barcelona y me planteé qué haría a partir de entonces. Empiezo a rescatar todo lo que he ido aprendiendo, en ese “viaje” y vuelvo un poco a la acupuntura pero desde otra perspectiva, escribí un libro “La enfermedad como oportunidad”, a partir de una conciencia corporal, ver que cuando enfermamos hemos de entender el mensaje pero hay que conocer el idioma o lenguaje en el que habla el cuerpo para descubrir lo que nos está pasando.

¿Qué define vuestro trabajo? 

Venimos trabajando más desde el plano de la conciencia, desde el “darse cuenta”, percibir, plantearme si este mundo en el que vivimos es todo lo que hay. Y encuentro que hay mucha gente que se está planteando esto y desarrollamos una serie de actividades y de cursos muy vinculados a la naturaleza. Usamos también el concepto del Feng Shui que es una disciplina oriental pero no tanto en su versión más conocida de la decoración sino a través del espacio natural y cómo tener una cultura del espacio para cuidar la salud y acrecentar la conciencia. Otro pilar importante es el IChing como un lenguaje simbólico que ayuda en este proceso de descubrir la conciencia, la inteligencia simbólica, la relación con el espacio, la naturaleza, que la cultura en la que vivimos ha aniquilado. Nos dedicamos a todo esto escribiendo, haciendo consultoría, armonizando los espacios, también organizamos viajes a China y México.

Hablas de la relación con el espacio, con la Naturaleza, ¿cómo puede influirnos lo que no vemos? 

Si debajo de donde tú duermes hay una corriente de agua, a veinte, treinta, cincuenta metros, o más profundo, el cuerpo pierde calor orgánico, lo que en Medicina China se llama Yang, la chispa, la capacidad de moverte rápido y te vas apagando poco a poco. No pasa en un día pero si vives meses o años es como vivir permanentemente al lado de un río en invierno con ropa de verano…al final te enfermas. O al revés, las roturas de la Tierra hacen que mane más calor y que se debilite tu parte tranquila o Yin que provoca agitación, insomnio, mal humor…gran parte de la gente que nos llama es por esto, porque no descansa bien, porque no trabaja bien y hacemos una especie de Geoacupuntura para armonizar un espacio.

¿Hay una explicación para la geomancia? 

La geomancia, el Feng Shui, la geobiología u otras disciplinas afines, parten de que no todos los lugares son buenos para vivir, para desarrollarte. Parten de la idea de que la Tierra es un ser vivo, una idea clave en las culturas antiguas, es el organismo que nos da el espacio para vivir. La geofísica moderna también ha llegado a esa conclusión. El científico James Lovelock, creador de la hipótesis Gaia dice que la Tierra es un ser vivo y se autorregula y podría considerarse un organismo a excepción de su función reproductiva. Las culturas antiguas sabían que para hacer una vivienda no se podían poner en cualquier lugar; debajo de nosotros hay: corrientes de agua, grutas, capas de materiales, calor…

¿Y lo que vemos?

La influencia del Sol, de los astros es fundamental en nuestros meridianos de acupuntura. Necesitan recibir dosis de estas energías. Por eso, todo el mundo se siente fatal cuando están en un piso con poca iluminación. Es importante porque esto te dice qué áreas de tu casa están bloqueadas, significa que hay un meridiano que no recibe el input de energía que debería y cada meridiano no sólo tiene una función a nivel salud, sino que tiene un aspecto emocional, se traduce en las relaciones con nosotros, con los demás. Un estudio del espacio es parecido a lo que hace un acupuntor con el cuerpo. Al final también puedes hacer un diseño energético, ver qué tipos de energías necesitan las personas que habitan un lugar, de tal forma que, vamos facilitando enlaces que hacen que el espacio se ponga a favor de lo que se está desempeñando en ese lugar.

Cómo individuos confinados ahora, ¿podemos enfrentar una respuesta inmunológica?

Es posible que esto se alargue más de lo que nos gustaría y, al final, la casa, que era un lugar familiar, de descanso puede ser que se convierta en todo: gimnasio, lugar de trabajo, escuela, niños, abuelos…es algo muy reducido donde además hay que cuidar la salud porque no puedes salir a caminar. Si, como decíamos antes, necesitamos sol, naturaleza para nutrirnos, tenemos que considerar la cultura del espacio energético aún más. Ahí dentro, en un mismo espacio tienen que confluir muchas cosas y ojalá que no dure mucho tiempo pero, es probable, que el año que viene aún tengamos que pasar buena parte del tiempo en casa. Si a todo esto añadimos los campos electromagnéticos, hemos de saber que hay formas de mejorar las complicaciones de estar en la casa. Esto ha sido nuestro trabajo y, efectivamente, hay gente que empieza a padecer cómo gestionar un espacio reducido multifuncional.

¿Cómo nos afectan los campos electromagnéticos?

Hay dos reflexiones sobre esto. Una es que en poco tiempo ha crecido de una manera exponencial e interfiere porque nosotros también somos campos electromagnéticos y, sobre todo, en el sentido de acelerar las cosas, de vivir con más tensión, de vivir con más estrés, estaría dentro de lo que el espectro de la Medicina China llama el Yang…no sé si es bueno o malo pero sucede así.

¿Cómo podemos solucionar esto?

¡Tomando tierra! Igual que cuando hay una energía sobrecalentada se disiparía en contacto con la tierra. Pero eso no es fácil porque la ciudad está toda cementada y los materiales de las casas no son naturales, por tanto, la toma a tierra es muy difícil. Nosotros, trabajando desde el concepto de meridianos que no se limitan a lo físico sino que se expanden, hemos creado unos armonizadores que harían esa función, de descargar para que pueda haber relevo, regeneración.

¿Cómo funcionan estos armonizadores?

Es algo parecido a lo que hace el electricista…es como cuando tienes un cable quemado. Nosotros no hemos entrenado nuestro cuerpo de energía y tenemos muchas rutas bloqueadas. Pero si el electricista va y ve un cable igual, bloqueado, puede pasar otro cable externo y hacer que tengas electricidad en la cocina, por ejemplo, y pasa por el pasillo hasta que se arregla la instalación profunda. Los armonizadores que hacemos tendrían este símil, te ayudan a pasar cables por fuera de tu cuerpo para hacer este tipo de drenajes, sacar la tensión hacia fuera…hasta que vamos aprendiendo que esos recursos los tenemos dentro. Funcionan como enlazadores de tu campo de energía con la tierra.

¿Se puede hacer esto a través de la conciencia? 

Sí, la segunda reflexión de la que iba a hablar antes, es que pensamos que el electromagnetismo es una creación artificial pero en los últimos veinte años, el electromagnetismo natural ha ido creciendo, al igual que las tormentas solares, la inclinación del eje de La Tierra hace que entre más viento solar y la naturaleza está pasando por esto también. Digamos que o llegamos a un acuerdo colectivo y nos desenchufamos de todo y volvemos a niveles muy básicos o vemos qué significa esto…alguna función evolutiva tiene que tener esto, como decía, la misma naturaleza ha incrementado su electromagnetismo. El problema es que lo hacemos con riesgo para la gente…entonces aquí hay una cuestión de conciencia y de aprender a gestionar el electromagnetismo. Estamos ante un hecho natural y humano que no está tan bien llevado y crea tensión.

Sorprende dónde anidan algunos animales, precisamente en lugares con fuerte electromagnetismo creado por los humanos, como torres de alta tensión o antenas de telefonía móvil, ¿qué explicación encuentras a esto? 

Hay animales que son más Yin y otros que están más dentro del espectro Yang. De ahí que toleren muy bien una corriente de agua, como lo hace un gato. Nosotros somos más templados.

¿Y qué sería lo óptimo en estas circunstancias?

Usar este tiempo para preguntarnos qué estamos haciendo con la vida. Podemos pensar que todo esto del virus ha sido mala suerte pero tiene que ver con que la casa-planeta no la estamos tratando bien. Al final, por mucho que hagas Feng Shui los números no cuadrarán. No hay que tenerle miedo al electromagnetismo, convivimos con él, igual que cuando llegó el fuego a la Humanidad, era algo extraño y al final se aprendió a controlar. Es un problema de nuestro tiempo con el que hay que aprender a interactuar y nos ayude a evolucionar de alguna manera. Al principio me apunté a la etiqueta “anti”, anti-móvil, por ejemplo, pasé bastante tiempo sin llevar móvil pero cuando te inspiras en la naturaleza y está pasando también en la naturaleza tienes que pensar qué significa esto. Cuando le tienes miedo a algo, esa cosa te busca.

¿La actitud de cada uno puede “neutralizar” los efectos negativos para la salud?

Bueno, en un viaje a China, la primera vez que visitamos al Abuelito de la Felicidad, un maestro taoísta muy mayor que vive en una cueva, y fuimos en plan “sabios” con las varillas, él nos dejó medir la cueva y le diagnosticamos una muerte segura y rápida dado el lugar en el que vivía…han pasado 16 años y ahí sigue y cada vez está mejor. Eso me dio que pensar porque la realidad no es mecánica y no podemos afirmar para todos los casos que una corriente de agua debajo de una casa sea sinónimo de enfermedad. Depende de la interacción que tengas con el lugar. Depende de cómo te relaciones: te mata o aprendes. Algo que aprendí en México, con los chamanes, es que la enfermedad te puede matar pero si cambias tu manera de acercarte es un mensaje que te puede revivir. Cambia la manera de relacionarte con una vivencia; primero uno la niega y, luego, cuando decides escuchar, entonces te brinda un regalo. Ahora, hay que tener en cuenta que el chamán ha pasado una vida entrenándose para vivir en determinadas condiciones y que la gente en general ese trabajo no lo ha hecho y la experiencia puede ser desfavorable. También hay gente con habilidades innatas que consigue sortear los daños, pero no es lo habitual. Parte de nuestro trabajo ha sido aunar la acupuntura con los meridianos de la Tierra, hacer armonizadores.

¿Cómo conecta con el lenguaje de la naturaleza?

El lenguaje de la naturaleza es un código binario.  Está detallado en muchas culturas antiguas y, digamos que el texto que más se ha difundido es el IChing. Un grupo de 64 símbolos que tienen este código binario a través de una línea recta y una línea partida y que cuando los acercamos a los puntos activos de la tierra o del cuerpo se generan flujos y conexiones diferentes. Entonces, los armonizadores usan este tipo de lenguaje que sería, para entendernos, como un programa informático. Cuando tienes un armonizador cerca activa esos canales inactivos.

¿Ayudarían a expresar nuestro potencial dormido?

Sí. Hemos pasado de ver el mundo como una máquina a una idea nueva que cada vez va a ir extendiéndose más y es una red. Todo está relacionado. Teníamos una idea del cuerpo más individualizado pero cada vez se comprueba más que dentro del cuerpo hay memoria, está el ADN, patrones que se heredan de generaciones anteriores, entonces vemos que el cuerpo es una red, vinculado a los antepasados, que nos relacionamos, estamos conectados entre nosotros. En estados acrecentados de conciencia de culturas como la taoísta o chamánica estos vínculos se llegan a ver y a percibir.

¿Se pueden diseñar las relaciones?

Efectivamente, es un lenguaje en el que podemos intervenir. La tecnología que tenemos en nuestro cuerpo podemos usarla. Está ahí, latente. Igual que el inglés sirve para viajar, el IChing sirve para conectarte en este tiempo. El nivel energético tiene un idioma para codificar y se pueden hacer unas herramientas. Esa herramienta puede ser tu casa o un pequeño armonizador. Igual que la acupuntura puede trabajarse en una zona del cuerpo, por ejemplo, la oreja, y estar en ella representada todo el cuerpo, si no puedes intervenir en la casa, los armonizadores son una solución para hacerlo. Los codificamos en función de lo que necesites, primero cubriendo aspectos de salud, que la casa no te enferme, que no haya geopatías y, después, intentando que sintonices todas las frecuencias del sol y la luna y, por último, la conciencia.

Hay mucha gente que no descansa bien, que se encuentra constreñida…

Sí, en las consultas lo vemos mucho. Si la casa no es lugar bueno de descanso, si el trabajo tampoco lo es…al final estamos pasando mucho tiempo mal. Y, como acabo de decir, todo es cuestión de tiempo. Es una cuestión que tardará más o menos en salir pero saldrá. Muchas veces, la gente va a un psicólogo, al médico y sigue igual. No está dentro, el problema está en el espacio. En esos casos, la gente siente una mejoría importante. Otra idea es que, a veces, un espacio pequeño bien ordenado crea más espacio que un lugar grande caótico. A propósito del confinamiento, un espacio no es tanto grande o pequeño. Al final es elástico y bien ordenado, conectado, puede generar amplitud.

¿Qué hemos observado en este confinamiento respecto a las ciudades y la naturaleza?

Bueno, en cuanto hemos detenido nuestra actividad, los animales se han acercado a la ciudad, la naturaleza ha brotado con más fuerza que nunca, tiene un gran poder de regeneración…les hemos restado espacio para ponernos nosotros. Y nosotros también vivimos hacinados. Pero tenemos que darnos cuenta de que el mundo no es nuestro, es compartido. Y estamos en ese punto de conciencia. Podemos tener la casa bien armonizada pero si no vemos lo que pasa fuera, dará igual. Es más grave de lo que parece.

El I Ching como libro de las mutaciones, ¿diría que estamos ante una gran mutación?, ¿qué claves se revelan?

En 2007 estuvimos en China y conocimos un taoísta que nos hizo ver que dentro del I Ching había ocho hexagramas que hablaban del período actual. A veces, el I Ching se usa como herramienta predictiva porque tiene integrados los ciclos principales de la vida. Estamos en un período largo, en el cierre de ese ciclo largo, camino de una transición y de una apertura de otro ciclo largo. Esto que parece algo esotérico, también lo reconoce la ciencia y tiene que ver con el movimiento que hace el eje de la Tierra, como un movimiento de peonza, y en determinadas ocasiones entra más conexión, más influencias del cosmos y transforma lo que hay en la Tierra. Hay un derrumbe del viejo orden, hay un ciclo muy creativo pero muy conflictivo y en función de lo que haga el conjunto de la vida se podrá reordenar. Este ciclo que acaba es masculino. Puede ser que venga un ciclo complementario, más femenino, más Yin o puede ser que haya un cambio de conciencia. Veremos qué pasa.

Si alguien quiere conocer algo más de vosotros ¿cómo puede hacerlo?

Puede entrar en nuestra página web, www.eltallerdelhabitat.com y podrá conocer con detalle los servicios que ofrecemos, los cursos y talleres que impartimos.

Bueno José Manuel, ha sido un placer compartir esta charla contigo, confiamos en que nuestros lectores la encuentren tan estimulante como nosotros.

Recuerda, si tienes una historia que contar, un caso sobre el que hablar o investigar,ponte en contacto en nuestro correo:mundosparalelos.sierramadrid@gmail.com



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