20-11-2009
LA FALTA DE LLUVIAS PROVOCA LA ENFERMEDAD Y MUERTE DE LAS ENCINAS UBICADAS EN SUELO GRANÍTICO La SECA amenaza a miles de encinas en el Noroeste
Desde finales de verano, cualquiera que pasee por el campo en el entorno de la Sierra de Guadarrama, habrá podido comprobar cómo algunas encinas han variado el habitual color verde de sus hojas por un tono parduzco, rojizo. Las encinas del Guadarrama se están secando. Y no es un hecho aislado en un único municipio. Este fenómeno se puede observar en, al menos, 14 localidades de la comarca: Las Rozas, Torrelodones, Galapagar, Valdemorillo, Colmenarejo, Quijorna, Fresnedillas, Moralzarzal, Alpedrete, Collado Villalba…
Algunos ayuntamientos comenzaron a estudiar las posibles causas, temiendo que éstas pudieran deberse a un hongo llamado Phytophthora cinnamomi, que desde hace unos años se ha convertido en una auténtica amenaza para los encinares de todo el suroeste peninsular. La enfermedad que produce la acción de este hongo es conocida popularmente como la "seca”, que en realidad presenta los mismos síntomas que los que se están dando actualmente en la Sierra de Guadarrama, aquí parece que las causas son otras.
LA FMM ALERTA Y SOLICITA INFORMES
Uno de los consistorios que primero detectaron el problema fue el de Torrelodones, donde se da la circunstancia de que su alcalde, Carlos Galbeño, es además presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Federación Madrileña de Municipios. Galbeño expuso el tema a los miembros de la Ejecutiva de la Comisión y de la Consejería de Medio Ambiente el pasado 22 de octubre, alertando del peligro que se cierne sobre el ecosistema de la Sierra de Guadarrama si no se actúa de manera rápida y eficaz.
A la espera de los correspondientes informes solicitados a la Dirección General de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid y a la Dirección de los parques regionales de la Cuenca Alta del Manzanares y del Curso Medio del Río Guadarrama, el presidente de la Comisión de Medio Ambiente hizo un llamamiento a todos los alcaldes de los municipios que pudieran estar afectados para que en cada uno de ellos se pongan en marcha las correspondientes medidas de vigilancia y se empiece a trabajar en planes de acción que eviten lo que en pocos meses podría convertirse en un auténtico desastre para nuestro ecosistema.
LA SEQUÍA ES LA CAUSANTE
Los informes técnicos que hasta ahora se han manejado en diversas localidades y en la propia Comisión de Medio Ambiente de la FMM apuntan a la extrema sequía como causa de la muerte de un número aún indeterminado de encinas. “Las escasas precipitaciones producidas desde el mes de abril de este año han provocado un estrés hídrico en los montes de numerosos municipios de la Comunidad de Madrid”, afirma uno de estos documentos a los que ha tenido acceso SIERRA Madrileña.
Las encinas suelen ser muy resistentes a la falta de agua, e incluso desarrollan cierta capacidad para sortear el verano en espera de la llegada de las aguas de otoño, secando parte de sus hojas. Sin embargo, 2007 y 2008 han sido años muy secos, y en 2009 apenas ha llovido lo suficiente en la Comunidad de Madrid desde febrero. Además, han sido frecuentes los vientos secos durante el pasado verano, lo que ha provocado unos niveles muy bajos de humedad relativa del aire. Con todo, los ejemplares con raíces poco profundas apenas pueden sobrevivir a esta situación, en especial aquellos que se encuentren asentados sobre terrenos graníticos, tipología habitual de los suelos de la Sierra de Guadarrama.
DESASTRE ECOLÓGICO
Diversos técnicos consultados por este periódico han afirmado que algunos ejemplares, los que presenten un porte arbustivo, podrían volver a brotar sin demasiados problemas; pero el desastre puede adquirir una considerable magnitud si persiste la actual situación de sequía y si no se actúa de manera adecuada con la llegada de la próxima primavera.
Uno de los mayores riesgos que acechan a la totalidad de encinas de la Sierra de Guadarrama es la posibilidad de padecer enfermedades que se transmitirían con cierta facilidad si no se retiran a tiempo los ejemplares enfermos o muertos.
Será en primavera cuando haya que realizar un exhaustivo trabajo de inspección para determinar cuántas y cuáles son las encinas que hay que talar y quemar para que las epidemias no se propaguen con relativa facilidad, aprovechando la debilidad de otros árboles que se hayan salvado de la seca. Asimismo, deberían plantearse planes de reforestación con arreglo al grado de afección que finalmente la sequía haya producido para repoblar los parajes naturales de esta comarca en la que la encina se ha convertido en uno de los referentes vegetales más típicos.